Si hay algo que cabe esperar de las películas gore ochentosas clase B es el constante martilleo de las mismas pautas argumentales, en diferentes paquetes de presentación. Siempre podemos contar con cantidad de seres improbables (zombies, alienigenas, animales mutantes fuera de control, asesinos dementes, seres de ultratumba); representados con una sempiterna ansia de sangre y tripero: ya sea por sustento corporal, venganza desbordada o sadismo abyecto. Lo que por ejemplo a mí me lleva a ser fanático de estas películas (y en especial a las que fueron creadas durante esta década) son las millonésimas combinaciones que libretistas de todos los colores lograron producir al ritmo en que una fábrica de embutidos produce chorizos.
Esta película es un perfecto ejemplo de como el eterno cliché de seres de otros mundos con apetito por la carne humana nunca pasa de moda, y siempre hay alguien que intenta (con mayor o menor éxito) darle la vuelta para presentar algo relativamente original.
Todo empieza con dos chicos acampando en un bosque rural, que debe estar cerca de la montaña de Brokeback porque ambos aparecen compartiendo la misma tienda de campaña... *grillos* Ok, mal chiste... La cuestión es que mientras el dúo de cuestionable orientación sexual sostienen su nimia rutina nocturna, del cielo cae un meteorito que se estrella muy cerca de su ubicación. La pareja decide echar un vistazo, y con poca sorpresa se convierten en las primeras víctimas de lo que por sombras se nos muestra como alguna clase de alienigena tentacular sediento de sangre.
Luego de esta introducción tan trillada, corren los créditos reglamentarios y empieza a sonar la banda sonora con la canción de introducción, la cual resulta bastante tétrica y apropiada a la película de que le hace fondo musical.
Terminan los créditos y la acción se mueve hacia el interior de una casa de esas rurales norteamericanas, de varios pisos, ático y sótano. Una pareja entra en escena, y se muestra su aburrido despertar. Mientras el esposo realiza su limpieza matutina en el baño, la esposa se levanta en una típica escena que no puede faltar en este tipo de películas, con una prenda de vestir vaporosa para que la audiencia pueda apreciar el reglamentario par de tetas que toda producción clase B está obligada a presentar.
En las afueras de la casa hay una lluvia torrencial, lo que finalmente lleva al esposo a revisar el sótano para ver que tanto se ha inundado. Por supuesto, en la oscuridad de este recinto nuestro querido alienigena (en forma no explicada) ya se ha instalado y no pierde tiempo de aprovechar y servirse el desayuno, que consiste justamente en la corporeidad de este desafortunado señor. En una escena llena de flashes, se puede apreciar al monstruo en sombras dándose su banquete. Es curioso, pero el sonido que usaron para denotar a la criatura comiendo suena mucho como si alguien desgarrara un pedazo de lona en frente de un micrófono. En general, no mucho gore que ver.
Luego le toca el turno a la esposa, quien baja también al sótano a ver que pasa con su pareja, y se convierte en la segunda víctima del insaciable ser. Esta vez la criatura es formalmente presentada a la audiencia, mostrando su forma que asemeja a una lombriz de tierra descomunal, con mas dientes que una pelea de perros. Desde su gigantesca tráquea emite un sonido gutural que tiene cierta reminiscencia a un drenaje congestionado. En una escena muy bien lograda, el ente carnívoro le arranca literalmente la cara a la pobre mujer, como quien separa un recuadro de queso del papel protector.
Abuelita, que dientes tan grandes tienes...
Luego de esta escena, el resto de la familia despierta igualmente a su rutina regular. Una mujer se despierta junto a su respectivo marido, a causa de un extraño niño mirando televisión a demasiado volumen. El chico resulta ser el hijo menor de la pareja asesinada, y la mujer y el hombre son sus tíos. El hijo mayor parece ser un adolescente cientificista y de corte escéptico, que anda esperando a un grupo de estudio en donde anda una muchacha a la que le tiene ganas. Luego de un montón de escenas sin demasaida emoción, en donde el hermano pequeño es analizado por su tío psiquiatra (donde se establece que el niño es medio extraño) y la tía se retira a visitar a la abuela; viene la otra buena tanda de gore.
El chico baja también al sótano, y se encuentra el oscuro lugar infestado por pequeños seres rastreros en forma de crías de sapo color carne, y sin mayor razgo facial que una boca llena de dientes. Se encuentra luego con el bicho feo, que curiosamente no lo ataca, y se queda ahí paradote como mirándolo. A sus pies está el cuerpo de un pobre contratista eléctrico que fue despachado en su visita al sótano, para reparar una avería eléctrica. El gigantesco monstruo permanece sin hacer nada, solo pasa regurgitar la cabeza de la pobre madre del crío, el cual observa horrorizado como lo que queda de su cara pasa a ser comida de crías alienigenas.
Ohnomnomnom...
Mientras eso se desarrolla en el sótano, arriba llega finalmente el grupo de adolescentes que esperaba el hermano mayor para estudiar. Traen consigo una curiosidad que consiguieron por ahí, una de las pequeñas larvas, a la cual pasan a diseccionar mientras mantienen la típica conversación "no sé que rayos es eso, pero no es un alienigena, hay una perfecta explicación científica para esto".
Vuelve la escena al pobre niño, que pronto se da cuenta que no es atacado por las criaturas debido a que estas se guían por sonido, y por alguna razón el chico se ha salvado de que lo escucharan llegar.
Otra vez viene una sucesión de escenas sin demasiada acción. La tía llega a donde la abuela, y en un semi-cómico sketch de cocina, ponen a funcionar una trituradora en donde una de las crías encuentra su triste final, y el resultado es un montón de gente comiendo puré de larva. La casa de la vieja resulta estar infestada y un montón de octogenarias tienen que salir pirando de allí.
Por otra parte en la casa las cosas no andan mejor. El tío se ha convertido en comida de gusanos del espacio exterior, y el papá (o mamá, o ambos) de la invasión de bichos ha dejado el oscuro sótano y ha subido a la casa. Todos corren por sus vidas, y en una escena hilarante sin proponérselo, el gigantesco ser le arranca la cabeza a una de las chicas (a la que el hermano le tenía ganas) y lanza el cuerpo por la ventana, aunque por el ángulo resulta algo completamente imposible de hacer.
Finalmente todos van al ático, donde se desarrolla la batalla final, y donde el chico logra salvar el día con un plan que resulta tan estúpidamente ingenuo que resultó bien en contra de toda probabilidad.
La película termina con todo el pueblo buscando y cazando las larvas restantes, hasta que un oficial se encuentra con una que es de tamaño pues... un poco grande...
Vamos a necesitar un barco más grande...
Lo mejor:
Se te quedará pegada la musiquita. La cancioncita del principio es bien pegajosita.
Buenas actuaciones. Realmente sorprende que hayan actores decentes en este tipo de películas, pues generalmente tienen la capacidad histriónica de un muppet, o por el contrario actúan como un raver hasta las metras de LSD. En este caso, buen desarrollo de personajes y escenas bien logradas, en lo que cabe.
Lo que no gustó:
Demasiada cháchara. El ritmo de esta película es simplemente bipolar. Interceden partes con mucho tripero con habladuría sin mayor relevancia y que aportan poco a lo que realmente importa. Es un filme de terror, y la labor principal es dejar a los observadores en el filo del asiento. No puedes lograr eso si a cada momento pones la conversación de unas viejas sobre recetas de cocina...
Sangre y tripero: 8 de 10. Efectos muy bien logrados. Prostéticos muy realistas, y un desarrollo de criaturas muy bien hecho, que no se nota demasiado falso para una película de bajo presupuesto de hace casi treinta años. Hubiera podido ser mejor, quitando tantos encuadres en close-up, pero bueno...