Considerada como una joya para los amantes del género, y como película de culto en general para muchos, The Evil Dead es uno de los mejores representantes del terror clase B de los años ochenta.
Filmada con un presupuesto constrictivo (en donde las anécdotas cuentan que parte se obtuvo recurriendo a promesas, endeudamientos y a veces hasta la mendicidad descarada) en 1981, representa el primer largometraje para el ahora muy aclamado Sam Reimi como director, al igual que el de "barbilla asesina" Bruce Campbell como actor.
Sinopsis:
La historia comienza con Bruce Campbell (sorry, con Ashley "Ash" Sinapellido) y 4 fulanos más conduciendo hacia unas vacaciones campestres, en una cabaña perdida en los bosques de Tennesse. Siendo todos jovenes ventiañeros (dos parejas y una hermana remilgada), se puede entender que no van al medio del bosque a leer la biblia ni a reflexionar sobre los evangelios.
Finalmente llegan a la cabaña rentada (luego de cruzar un puente contemporáneo con Matusalén, el cual curiosamente es la única vía para entrar o salir de la zona), la cual no puede estar en una condición mas deplorable.
Luego de una breve sucesión de escenas de poca relevancia dentro de la cabaña, Ash y el otro hombre del grupo deciden investigar el mohoso sótano. Es cuando encuentran la piedra angular de la trama y el motor primario de todas sus calamidades: un extraño libro y una grabadora.
Por supuesto, la curiosidad mató al gato (y en las películas de este tipo, a los adolescentes hormonales). Sin darle demasiadas vueltas a sus facultades racionales, todos deciden oir el contenido de la curiosa grabadora. Se reproduce la cinta, y se escucha la seria y gastada voz de un erudito, paleontólogo quizás, que relata con tono cansado como dió con el famoso libro de los muertos, que según relata la voz, posee el poder de despertar a los anitiguos demonios kandarianos de su eterno letargo.
En este punto de la película, hay una disputa entre los oyentes, se salta un pedazo de la reproducción de la grabadora, y cuando se vuelve a encender, la voz del investigador anuncia que ha logrado dar con las invocaciones contenidas en el libro. Y como quien recita una lista de mercado, dichas invocaciones pasan a ser pronunciadas en voz alta por éste.
El resto se puede adivinar: los demonios kandarianos despiertan y empiezan a atormentar a los desafortunados residentes de la cabaña. Las vías de escape son destruídas (o poseídas) y la situación en general se pone color de hormiga.
Lo mejor:
Ash es el hombre. No hay que confundirse: en esta película Ash es el sol por el cual todas las demás cosas giran. De hecho, yo podría definir esta película como Ash en dos tiempos: la primera mitad, que nos presenta un Ash romántico, jovial, y un tanto pusilánime; que luego de ver a sus amigos, novia y hermana ser poseídos uno a uno por demonios; en la segunda mitad del celuloide sufre una transformación, para ya dar muestras de la personalidad que la mayoría recuerda y adora: recio, duro, burlón y con un par de tornillos flojos en la azotea. En pocas palabras, son dos películas en uno: la primera más de survival de terror siguiendo la fórmula convencional, y la segunda que es más instrospectiva en torno a Ash.
Demonios con estilo. Hacer una película con entes infernales es un recurso peligroso por lo trillado. Reimi logró darle un brillo interesante a sus demonios al mostralos con personalidades muy peculiares y distintivas. Cheryl, luego de una brutal escena de violación arbólea en el bosque, es poseída y se transforma en un demonio que recurre a la violencia física. En cambio Linda, la novia de Ash, es igualmente poseída, pero muestra una actitud más calculada y maliciosa que Cheryl, normalmente desesperando mentalmente a Ash con una risa de hiena histérica. Está también la presencia más grande y poderosa que parece habitar el bosque.
Dirección y fotografía. El estilo de Reimi en la dirección se hace notar. Quizás sea por ser su primer largometraje, pero se percibe un alto grado de experimentación con encuadres, tomas y estilos. Yo personalmente no sé mucho de eso, pero si puedo asegurar que es algo que resulta interesante y que no resta nada (mas bien agrega) al valor narrativo del argumento.
Lo que no gustó:
Ash, el hombre de hierro. Quizás en otras películas de la saga, donde Ash posee una personalidad más definidad como héroe de acción esto hubiera pasado como un elemento própio de la esencia a ese arquetipo cinematográfico. Pero en esta, donde nuestro personaje apenas está sufriendo su metamorfósis, realmente me pareció exagerado como luego de recibir heridas punzantes de todo tipo, Ash siguiera caminando y actuando como si fueran pinchazos de alfiler.
Demonios sin propósito. Al final, no me quedó muy claro que buscaban los demonios con Ash. ¿Querían que se les uniera por su própia voluntad? ¿Para qué, si en cualquier momento podían poseerlo? En fin, en la segunda entrega se trata mejor este tema, pero ya dejaré eso para otro review.
Sangre y tripero: 6 de 10. En sí la película no posee demasiadas escenas de corte gore. Y aunque algunas muy memorables (como la escena en el bosque), en sí se nota que bajaron un poco el nivel de la violencia gráfica con motivos de obtener una calificación que permitiera exponer la película en más salas de cine (segun Imdb). En general, una buena experiencia, que aunque no traumática ni aterradora, si es digna de catalogar en el género.
Luego de una breve sucesión de escenas de poca relevancia dentro de la cabaña, Ash y el otro hombre del grupo deciden investigar el mohoso sótano. Es cuando encuentran la piedra angular de la trama y el motor primario de todas sus calamidades: un extraño libro y una grabadora.
Por supuesto, la curiosidad mató al gato (y en las películas de este tipo, a los adolescentes hormonales). Sin darle demasiadas vueltas a sus facultades racionales, todos deciden oir el contenido de la curiosa grabadora. Se reproduce la cinta, y se escucha la seria y gastada voz de un erudito, paleontólogo quizás, que relata con tono cansado como dió con el famoso libro de los muertos, que según relata la voz, posee el poder de despertar a los anitiguos demonios kandarianos de su eterno letargo.
En este punto de la película, hay una disputa entre los oyentes, se salta un pedazo de la reproducción de la grabadora, y cuando se vuelve a encender, la voz del investigador anuncia que ha logrado dar con las invocaciones contenidas en el libro. Y como quien recita una lista de mercado, dichas invocaciones pasan a ser pronunciadas en voz alta por éste.
El resto se puede adivinar: los demonios kandarianos despiertan y empiezan a atormentar a los desafortunados residentes de la cabaña. Las vías de escape son destruídas (o poseídas) y la situación en general se pone color de hormiga.
Lo mejor:
Ash es el hombre. No hay que confundirse: en esta película Ash es el sol por el cual todas las demás cosas giran. De hecho, yo podría definir esta película como Ash en dos tiempos: la primera mitad, que nos presenta un Ash romántico, jovial, y un tanto pusilánime; que luego de ver a sus amigos, novia y hermana ser poseídos uno a uno por demonios; en la segunda mitad del celuloide sufre una transformación, para ya dar muestras de la personalidad que la mayoría recuerda y adora: recio, duro, burlón y con un par de tornillos flojos en la azotea. En pocas palabras, son dos películas en uno: la primera más de survival de terror siguiendo la fórmula convencional, y la segunda que es más instrospectiva en torno a Ash.
Demonios con estilo. Hacer una película con entes infernales es un recurso peligroso por lo trillado. Reimi logró darle un brillo interesante a sus demonios al mostralos con personalidades muy peculiares y distintivas. Cheryl, luego de una brutal escena de violación arbólea en el bosque, es poseída y se transforma en un demonio que recurre a la violencia física. En cambio Linda, la novia de Ash, es igualmente poseída, pero muestra una actitud más calculada y maliciosa que Cheryl, normalmente desesperando mentalmente a Ash con una risa de hiena histérica. Está también la presencia más grande y poderosa que parece habitar el bosque.
Dirección y fotografía. El estilo de Reimi en la dirección se hace notar. Quizás sea por ser su primer largometraje, pero se percibe un alto grado de experimentación con encuadres, tomas y estilos. Yo personalmente no sé mucho de eso, pero si puedo asegurar que es algo que resulta interesante y que no resta nada (mas bien agrega) al valor narrativo del argumento.
Lo que no gustó:
Ash, el hombre de hierro. Quizás en otras películas de la saga, donde Ash posee una personalidad más definidad como héroe de acción esto hubiera pasado como un elemento própio de la esencia a ese arquetipo cinematográfico. Pero en esta, donde nuestro personaje apenas está sufriendo su metamorfósis, realmente me pareció exagerado como luego de recibir heridas punzantes de todo tipo, Ash siguiera caminando y actuando como si fueran pinchazos de alfiler.
Demonios sin propósito. Al final, no me quedó muy claro que buscaban los demonios con Ash. ¿Querían que se les uniera por su própia voluntad? ¿Para qué, si en cualquier momento podían poseerlo? En fin, en la segunda entrega se trata mejor este tema, pero ya dejaré eso para otro review.
Sangre y tripero: 6 de 10. En sí la película no posee demasiadas escenas de corte gore. Y aunque algunas muy memorables (como la escena en el bosque), en sí se nota que bajaron un poco el nivel de la violencia gráfica con motivos de obtener una calificación que permitiera exponer la película en más salas de cine (segun Imdb). En general, una buena experiencia, que aunque no traumática ni aterradora, si es digna de catalogar en el género.
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